MoboReader> Literature > Juanita La Larga

   Chapter 32 No.32

Juanita La Larga By Juan Valera Characters: 4334

Updated: 2017-11-30 00:04


Por dicha no había recibido ningún garrotazo en la cabeza; pero estaba derrengado, molido y lleno de contusiones.

Seguro ya de que vivía, y por instigación del tendero murciano, que no se aquietaba hasta recobrar, en parte al menos, el dinero robado, don Paco registró a Anto?uelo y le encontró cuatro mil reales, que devolvió a su due?o.

Los otros ocho mil se los había llevado el compa?ero de Anto?uelo, el cual, por director y maestro en el arte, había tomado doble porción de botín.

Anto?uelo sentía agudos dolores; no formulaba palabra alguna, pero lanzaba gemidos lastimeros.

Don Paco se apresuró a salir de allí, volviendo cuanto antes al lugar con el libertado y el vencido.

La poderosa mula de don Ramón, aparejada aún con muy cómoda y ancha albarda, se hallaba en un corralejo o peque?o cercado contiguo a la casilla.

Sacó don Paco la mula, hizo que montase en ella su due?o y levantando después a Anto?uelo, que apenas se podía mover, y llevándole en peso con alguna dificultad, le plantó a las ancas. El cargó luego con el trabuco y la navaja, trofeos de su victoria, y echando delante la mula y su doble carga se dirigió hacia el lugar.

Al ir caminando daba infinitas gracias a Dios porque le había puesto en ocasión de castigar un delito y de evitar otros mayores, y porque le había proporcionado un medio de volver a la patria con justo motivo y sin ningún sonrojo.

Aunque caminaron despacio, llegaron al lugar entre una y dos de la noche, sin hallar a nadie en el camino.

Inquieto don Andrés por la suerte de don Paco, había enviado en balde a muchas personas para que le buscasen. También la tendera había enviado gente en busca de su marido. Todos con mal éxito se habían vuelto al lugar antes de medianoche.

Cuando mucho más tarde entraron en él don Paco y su comitiva, los villalegrinos estaban durmiendo.

Don Paco, procurando y logrando no llamar la atención, dejó a Anto?uelo a la puerta del herrador, su padre. Libre ya don Ramón del poco agradable socio de montura, se despidió de don Paco con nuevas y fervorosas manifestaciones de gratitud y se largó a su casa.

Don Paco se fue a reposar a la suya.

Com

o el médico estaba viejo y averiado y tenía no poco que hacer, don Policarpo ejercía también, con sentimiento del médico, la medicina y la cirugía. El herrador le llamó al punto para que curase a su hijo.

Don Policarpo le atendió muy bien y pronosticó que le curaría pronto, porque sus contusiones, si bien en extremo dolorosas, no eran de peligro ni daban que temer por su vida.

Apenas amaneció, don Policarpo, sabedor de que don Andrés estaba inquietísimo por la suerte de su amigo o como si dijéramos de su ministro, fue a casa del cacique, que se despertaba con el alba, y le pidió albricias y le dio la buena nueva de que don Paco había parecido. Como el boticario sólo había visto al magullado Anto?uelo y no sabía bien lo ocurrido, hizo su composición de lugar, y fantaseó y dijo a don Andrés que entre don Paco y Anto?uelo había habido una muy re?ida pelea, sin duda por los bellos ojos de Juanita; que la pelea había sido en mitad del campo, durante la noche; que don Paco había quedado ileso y que el pobre Anto?uelo estaba tal que se lo podía comer con cuchara, pero que él, con su ciencia y sus cuidados, le sanaría muy pronto.

Don Andrés se holgó mucho de que hubiese vuelto sano y salvo el secretario del Ayuntamiento, que le era utilísimo y a quien profesaba más amistad que a nadie.

No por eso quiso llamar a don Paco ni ir a verle en seguida, turbando el reposo de que sin duda había menester; pero no creyó en el duelo o pendencia que don Policarpo había supuesto y contado.

Don Andrés, aunque muy estimulado por la curiosidad, se armó de paciencia y de calma y aguardó dos o tres horas antes de dar un paso para descubrir lo cierto.

Bien sabía él que el mayor amigo y confidente de don Paco era el maestro de escuela, y a eso de las ocho, cuando ya la escuela había empezado y don Pascual debía de estar en ella, don Andrés le envió a llamar a su casa.

El mozo que llevó el recado volvió diciendo que don Pascual había salido al rayar el alba, que no había vuelto aún, que los ni?os estaban dando la lección con el ayudante y que no bien volviese don Pascual y supiese que don Andrés le llamaba, iría a verle al punto.

* * *

Free to Download MoboReader
(← Keyboard shortcut) Previous Contents (Keyboard shortcut →)
 Novels To Read Online Free

Scan the QR code to download MoboReader app.

Back to Top

shares