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   Chapter 23 No.23

Mi Teniente, ?No Quiero Golpear A Mi Pueblo! By JulioMEspinosaJ Characters: 4479

Updated: 2018-03-13 12:01


-?Nos ha declarado la guerra! – Gritó Fernando, al apagar la televisión.

El grito de Fernando retumbó en la mente de Ernesto desde el primer momento en el que se adentraron en las sucias cloacas llenas de materia fecal, que flotan en libertad por doquier.

-Que son estas telara?as – Le preguntó Penélope a Ernesto cuando él se alistaba a quebrar una de ellas.

-No lo sé, nunca en mi vida había visto algo así… - Respondió el cabo al romper una de ella con el machete.

-Ni me quiero imaginar la ara?a que las hace… debe ser inmensa y aterradora – Concluyó Penélope.

-Menos plática y más acción – Le dijo Rambo a Ernesto al pasar a su lado.

-Mejor cálmese, ?Sí! – Le urgió Penélope a su compa?ero que se alejaba sin mirar atrás..

Al fin, después de casi una hora de caminar en medio de la inmundicia, aparece en frente de los cinco revolucionarios la bifurcación de la cual tanto hablo Penélope en su exposición en la casa cural.

Tengo contactos en el palacio, les dijo Penélope a todos en la casa cural, al terminar el discurso de Zuluaga. Claro, a?adió, no espero encontrarme con ninguno cuando entremos, pero ellos me han descrito de forma muy explícita y sucinta la rutina del presidente, de su escolta y de su familia. Incluso, de las personas que entran todos los días a hacer lobby para las multinacionales como Montwell. Así que cuando estemos dentro del palacio yo me moveré como un pez en el agua. Terminó sonriente su peque?a proclama.

-?Hemos llegado! Dijo aplaudiendo la bella corredora, cuando los cinco arribaron a la bifurcación.

Gustavo caminó hacia los dos ramales, y se detuvo justo en el centro. ?Y ahora que! Gritó, había cierto tono sarcástico en sus palabras: ?Cuál es tu gran plan? ??Solo entrar y ver qué pasa?!

-Tu actitud no me gusta – Contestó Penélope – Has estado muy estresante desde que entramos en las cloacas… tu sabes muy bien que esto es una misión desesperada, el último intento de un pueblo por retomar el control de su gobierno. ?No hay plan! Nosotros no somos militares, bueno, con la excepción de Ernesto, que es policía, los civiles no tenemos plan, nosotros solo actuamos siguiendo nuestro corazón. ?Tú sabes muy bien eso!

-Yo creo que él está asustado… - Dijo Er

nesto – Una cosa es planear, y otra muy diferentes es actuar. A muchos les cuesta trabajo el pasar del dicho al hecho. No es mi caso, claro está…

-??Me está llamando Cobarde?! – Preguntó desafiante Gustavo.

-Tranquilo muchachos… – Dijo Federico – Sigamos hacia la derecha, como nos indicó Penny en la casa.

-?No! Nada de tranquilos, no me gusta la actitud de este esbirro del estado – dijo Rambo se?alando a Ernesto, y a?adió: así que planeó bajarle los humos al policía este antes de entrar al palacio, pues aquí el héroe debo ser yo, no él… - Gustavo se interrumpió abruptamente, empezó a temblar, y escupió un chorro de sangre en el suelo.

-??Qué te pasa?! – Preguntó Penélope.

Algo haló a Gustavo hacia arriba levantando sus 150 kilos como si él fuera un mu?eco de papel. Todos corrieron hacia la bifurcación y levantaron sus miradas. La oscuridad del sitio no les permitía saber que ocurría allí arriba ?Dónde estás? Preguntó Penélope. Los gemidos de Gustavo era lo único que se podía escuchar. Ernesto sacó una linterna y alumbró el sitio. ?Qué putas es eso? Preguntó muy excitado Fernando. Gustavo está en el medio de una enorme telara?a, ocho enormes patas mantienen aprisionado su enorme cuerpo contra algo negro y viscoso. Dos enormes pedipalpos aplastan la cabeza del fornido hombre. ?Parece ser una enorme ara?a! Gritó Ernesto. El enorme insecto dirigió sus cuatro pares de ojos hacia el cabo. Los ojos de la bestia son rojos e intensos, e hicieron que el cuerpo de Ernesto empezara a temblar en al acto. ?Huyamos! Gritó con ímpetu Fernando al mismo tiempo que empezó a correr hacia la derecha. Todos le hicieron caso, menos el policía, quien seguía mirando al enorme quelicerado, como si este lo hubiera hipnotizado. Había algo familiar en su mirada, algo humano, había odio, rabia, Ernesto ya había visto esa mirada muchas veces en sus oficiales superiores, en ministros y otros funcionarios gubernamentales. Era la misma mirada que tenía Zuluaga en su alocución. ?Qué eres? Le preguntó Ernesto a la enorme bestia. La ara?a escupió el cuerpo de Rambo, el cual cayó justo al lado del cabo. ??Te pregunte lo que eres?! El engendro, aun con la cabeza de Gustavo en sus pedipalpos, se encaminó hacia a Ernesto.

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