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   Chapter 21 No.21

Mi Teniente, ?No Quiero Golpear A Mi Pueblo! By JulioMEspinosaJ Characters: 5432

Updated: 2018-03-13 12:01


-?Cállese Fernando! – Gritó Penélope.

-?Maldito sea!. Prorrumpió Ernesto.

-Cálmate, amigo – Le dijo Federico – Guarda esa furia para quien en realidad lo merece. Todos somos aquí víctimas de un solo mal, de una sola y única maldad.

-?No quiero escuchar discursos socialistas! – Contestó Ernesto.

-Y ?Por qué no? Tú diste uno muy bueno allá afuera amigo mío – Dijo en tono conciliador Federico.

-?Yo no soy su amigo!

-Está bien, no lo eres, cálmate… siéntate… - Le se?ala una silla que se encuentra muy cerca de un enorme vitral con la imagen de la virgen y el peque?o ni?o Jesús en su regazo.

Ernesto se sienta.

-Déjame explicártelo todo Ernesto… Si, si yo sé cómo te llamas – acotó Federico tras ver la mirada de extra?eza del cabo al escuchar su nombre – Diana hacia parte de nuestro grupo de resistencia civil, nunca te lo dijo, porque no quería que tu carrera se viera comprometida.- Federico caminó lentamente hacia Ernesto – Lo de la relación entre mi colega y tu mujer, estoy de acuerdo contigo es una traición… yo nunca estuve de acuerdo con eso, y se lo dije muchas veces a Fernando – Miró con condescendencia a Fernando, este bajo su cabeza como ni?o rega?ado – Creo que él lleno el vació que tu dejabas en Diana cuando salías de la casa. Vació que solo que sabias llenar, según palabras de ella misma, con sexo. Pero, no estoy aquí para juzgarte amigo…

-?Qué quieren de mí?

-Te vi derrumbar esos helicópteros de forma heroica, te vi enfrentarte a tu teniente por defender a tu pueblo. Amigo, tu, tu eres un verdadero policía, por eso necesitamos tu ayuda.

- ?También le he hecho da?o a inocentes! Golpeé a un ni?o, que tal vez ahora este muerto, y no estoy orgulloso de eso… ?Qué quieren?

-Vamos a entrar al palacio – Interrumpió Penélope.

-?Están locos!

-Tal vez si, y ?Qué! – Gritó Fernando.

-Shhh! – Le interrumpió Federico - ?Cállate Fernando! – Giró su cabeza hacia a Ernesto – El gobierno ha perdido el control de gran parte de la ciudad capital y de otras, incluso hay militares que se han insubordinado y ahora luchan con nosotros, pero Zuluaga se resiste a irse, o a renunciar, pues, las potencias del atlántico norte lo protegen. ?Hay soldados extranjeros protegiéndolo! Pagados por Montwell. Son ellos los que nos disparan a los civiles, y a los militares para que nos enfrentemos entre nosotros.

-Yo no los puedo ayudar – Dijo Ernesto.

-Ya quedamos pocos… – Interrumpió Penélope –…de nuestro grupo, muchos han muerto, Y no queremos que civiles inocentes mueran… ?Ayúdanos por favor!

-No sé cómo quieren que yo los ayude, yo soy solo un cabo… ?Nada más! Si el palacio esta tan resguardado como ustedes dicen, será imposible entrar.

-Hemo

s encontrado un túnel subterráneo que llega a la cocina del palacio… Ven con nosotros y así podrás vengar la muerte de Diana, porque el culpable de la muerte de ella y la de todos, civiles y militares, está allí dentro – Dijo Fernando.

-?Qué dices, amigo? - Preguntó Federico con dulzura – Ernesto, ?Vienes con nosotros?

XXI

De la pala cae tierra, de sus ojos lágrimas, de su frente sudor, de su alma dolor, su corazón bombea rabia y ansias de venganza. Ernesto, quien acaba de enterrar a su mujer, la madre de sus hijas, sabe que alguien debe pagar por la muerte de ella. Si bien era cierto que, fue Lillo y un grupo de sus compa?eros los que la maltrataron hasta su trágico final, los verdaderos culpables, para él estaban sentados en una oficina o en alguna mansión en el norte de la ciudad capital, y eran ellos quienes debían pagar. La vida lo había forzado a convertirse en su abuelo, un vengador anónimo, un por fuera de la ley, un vándalo arrogante, algo que había tratado de evitar durante casi toda su existencia, comportándose con la pulcritud y obediencia con la que su padre se comportó. Esa forma de ver la vida había fracasado, le había arrebatado al amor de su vida. Ahora tendrá que dar un timonaso para evitar estrellarse, ahora tendrá que explicarles a sus hijas porque su madre nunca más se reunirá con ellas. Tendrá que decirles a las gemelas que a partir de allí, el viaje a través de la existencia lo van a hacer los tres solos, sin Diana. Y todo por las ansias de una peque?a elite de poseerlo todo, aunque ya tengan lo suficiente.

-Sabe, que ella y yo nunca… - Le dijo titubeante Fernando a Ernesto, a su vez que se acervaba a él con cierto sigilo y algo de miedo. Ernesto se giró hacia él con cara de pocos amigos, Federico cerro sus ojos – Ella y yo… nunca… usted sabe… ella nunca…

Ernesto frunció su ce?o, ladeo su cabeza hacia su derecha y apretó la pala con ambas manos.

-?Nunca lo hicieron? – Le interrumpió dubitativo.

-Exacto… - Contestó Fernando con vergüenza.

-Pero ella me dijo que me había sido infiel – Comentó Ernesto dando unos pasos hacia Fernando con la pala en sus manos.

Fernando retrocedió algo asustado. Ella nunca quiso, a?adió tartamudeando. Es decir pudimos hacerlo un par de veces, pero ella nunca lo quiso… una vez incluso, fuimos a un… usted sabe…

-?No! No sé – Contestó tajante.

- A, a, a un motel – Exclamó Fernando elevando un poco el tono de su voz, y abriendo sus ojos – Lo teníamos todo preparado, pero cuando estábamos listos, ella me dijo que se arrepentía, porque si lo hacíamos, jamás en la vida podría ver a los ojos a sus hijas. Así que como usted verá, lo nuestro fue solo platónico, así como lo suyo con Penélope.

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