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   Chapter 20 No.20

Mi Teniente, ?No Quiero Golpear A Mi Pueblo! By JulioMEspinosaJ Characters: 5055

Updated: 2018-03-13 12:01


-?Cobarde! – Exclamó el teniente mientras se tambaleaba como borracho - ?Traidor! – Escupió sangre en dirección de una de las botas de Ernesto.

Ernesto empu?o su mano, subió su pu?o hacia el sol, creando un eclipse exclusivo para sus ojos. ?Este va por Diana! Le dijo, a su vez que lanzaba el golpe contra el rostro del teniente, el pu?o hiso contacto con la boca del teniente. Lillo cayó hacia atrás en cámara lenta escupiendo varios de sus dientes. Su cabeza rebotó varias veces contra el duro concreto, y luego se desmayó.

-?Bien! – Gritó el joven del bus.

La chica del pasamonta?as asintió fríamente, caminó hacia Lillo, y le tomó sus signos vitales. Al comprobar que estaba vivo hiso una se?a a varios de sus amigos para que lo sacaran de allí. Ernesto se apresuró en pos de Diana, la levantó del frio suelo. ?Todo va estar bien, mi amor! Le susurró al oído mientras se abría paso por en medio de la multitud que lo aplaudía. La joven del pasamonta?as siguió muy atenta el trayecto del cabo a través de la multitud hasta la casa cural.

XX

Lentamente, Ernesto bajó el malherido cuerpo de su mujer colocándolo delicadamente sobre una mesa de madera de roble que se encuentra en el medio del comedor de la casa cural. De sus ojos emana un rio de lágrimas que cae sobre los pómulos hinchados de Diana.

-?Qué hacía aquí? ?Por qué se metió en esto? – Le susurró al oído.

-L-l-l-lo siento – Contestó en voz queda Diana.

-?Qué me quiso decir con que se dejó deslumbrar con las promesas de Fernando, nuestro vecino?

-Le fui infiel… - Se interrumpió, las lágrimas salían a chorros de las comisuras de sus ojos. – Lo siento…

-?Por qué? ?No estaba satisfecha con lo que yo le doy? ?No soy lo suficiente hombre para usted? – Le dijo entre sollozos y jadeos Ernesto a su mujer.

-Lo siento… lo siento… - Musitaba sin parar Diana.

Unos pasos se escucharos detrás de él. ?Quiero estar solo! Gritó Ernesto sin mirar atrás.

-Ella fue muy valiente, quiso luchar al lado de nosotros por un futuro mejor para sus hijas – Le contestó una voz femenina muy familiar para sus oídos.

Ernesto giró su cabeza lentamente sin soltar a Diana, para comprobar que la voz le pertenecía a quien él creía que le pertenecía. Y allí estaba ella, con el pasamonta?as en la mano, tan hermosa como siempre, tan hermosa como en la novela. Los ojos de Ernesto la escrutaron lentamente de abajo a arriba, saboreando cada centímetro de su femineidad, aunque estaba vestida de forma poco prolija, su cuerpo era igual de espectac

ular, perfecto. Y sin duda era ella, la chica de la curva del bosque, la actriz de su novela favorita.

-Me llamo Penélope – Le dijo.

-Penélope, quiero estar a solas con mi mujer – Volvió sus ojos hacia Diana, quien ya no respiraba - ?NOO! ?NOO! ?DIANA! – Aulló desesperado.

Ernesto colocó el cuerpo de su mujer en el suelo, y empezó a hacerle un masaje cardiaco. Penélope corrió hacia él para ayudarlo.

-?No necesitó ayuda! – Gritó.

-Claro que la necesita – Contestó ella, a su vez que se preparó a darle respiración boca a boca a Diana.

Duraron varios minutos tratando de resucitar a Diana, pero todo fue imposible. El alma había dejado el cuerpo y se preparaba una vez más a entrar en la rueda del Samsara, una vida más para liberarse del Moksha. Pero Ernesto no se rendía, gritaba sin parar mientras golpeaba el pecho de ella con su pu?o. ?Despierte! ?Despierte! ?No me deje solo con las ni?as! Le decía sin parar. Penélope se rindió exactamente a los tres minutos. Se fue, le decía al cabo, pero este no paraba de golpear a Diana en el pecho.

-?Escúcheme! –Le dijo tomándolo suavemente del rosto - ?Se fue! ?Se fue! ?Ya no podemos hacer nada más!

-No, no, no… - Contestó desesperado – No se ha ido, no se va a ir, no lo permitiré…

Ernesto siguió dándole el masaje cardiaco y la respiración boca a boca a su mujer por diez minutos más, mientras Penélope le musitaba al oído: déjela ir, está maltratando su cuerpo… déjela ir, déjela ir… Déjela descansar en paz.

-?No! ?No se va a ir! ?No lo permito! –Se?aló al cielo - ?No permitiré que te la lleves como lo hiciste con mi padre y mi abuelo!

Fernando entró en ese momento, Ernesto lo sintió tan pronto su vecino puso un pie en el comedor de la casa cural. ?Usted! Gritó ?Usted la mató! Y acto seguido se lanzó como tigre hacia la humanidad de Fernando. Pero Federico, el joven del bus lo detuvo.

-Tranquilo, amigo, tranquilo… todos vimos aquí quien la mato, y ese fue su teniente… - Le dijo calmado – Pero ya nos hemos hecho cargo de él… lo hemos metido en un calabozo.

- ?No! ?Ustedes la mataron! – Contestó Ernesto, mientras se liberaba de los brazos de Federico. – No sé cómo, pero ustedes me la sonsacaron y de alguna forma la metieron en esto de la revolución. Diana no era así. A ella no le gustaba esto, ella solo quería ser ama de casa.

-?Eso no es cierto! – Exclamó muy furioso Fernando – ?Usted no la conocía tan bien como yo! ?Usted se iba en las ma?anas y llegaba en las tardes a reclamar sexo como un animal en celo!

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