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   Chapter 4 No.4

La Corporación By JulioMEspinosaJ Characters: 6491

Updated: 2018-03-13 12:01


Se me había olvidado como era el exterior de mi aposento. Ahora que lo recorro otra vez, su simpleza me obnubila, me sorprende, aunque todo lo que vea, no sea más que aposentos cerrados con el logo de la corporación en la puerta. No puedo evitar pensar que, en el interior de cada aposento hay una unidad de carbono viviendo el mismo infierno que yo vivo. O tal vez, sea yo la única que viva en un infierno (?) de pronto, yo, soy la única que no disfruta esta vida, pero las demás si… ?No! ??Quién puede disfrutar una vida así?! ?Nadie! ?Nadie! Todas ellas deben estar pasando por lo que yo estoy pasando. Todas y cada una de estas puertas cerradas deben contener en su interior, a una unidad de carbono supremamente triste sometida por una Lucy, condenada a satisfacer las necesidades de clientes invisibles, mientras nadie satisface las suyas.

El pasillo es largo y angosto; blanco en sus paredes y techo. Lo único que rompe con la monotonía del color es, el logo de la empresa que brilla orgulloso en la mitad de cada puerta. Debajo de este, el número de cada aposento. El mío es el 33. Sobre cada puerta hay una figura extra?a; es una especie de criatura, tiene como 6 patas y su cuerpo está dividido en dos. Lucy al darse cuenta de mi mirada curiosa, se apresuró a explicarme que el nombre de aquella criatura es "ara?a". ?Extra?a palabra!

Una luz brilla al final del túnel. Es una luz que hace rato no veo. No es estéril, ni inerte, es una luz viva proveniente de un objeto real; el sol. El solo verla hace que mi rostro se ilumine con una sonrisa. Debe ser mi primera sonrisa en más de 12 o 20 jornadas.

-?Por qué sonríes? – Me preguntó Lucy - ?Estás pensando?

Lucy por favor, es la primera vez que veo el sol en mucho tiempo. Permíteme sonreír aunque sea una vez. Le contesté con la mirada fija en el final del pasillo, no mostré emoción alguna.

-?Esta bien! – Me contestó fría –Disfrútalo, pues tal vez sea la última vez que lo veas en mucho tiempo.

Como digas… -?Eres una aberración, Lucy! - No puedo evitar proyectar en mi mente imágenes de Lucy destruida en el suelo. Pienso, o mejor dicho, deseo que el dispositivo que la hace volar por lo aires, y que le permite desempotrarse del escritorio, falle haciéndola chocar contra el duro y frio piso de baldosines negros y blancos.

-Ya sabes – Me dijo – Recuerda que solo tienes 20 minutos, que no puedes mirar a nadie, y que mucho menos puedes intercambiar ideas con otra unidad de carbono. Y si te sorprendo haciéndolo, te ira muy, pero muy mal.

No necesitas recordármelo… - Aberración - …el supervisor fue muy explícito al recordarme mis limitaciones, yo le obedeceré.

- ?No! No, debes obedecerle a él. Pues él está ausente, yo estoy aquí, a mi es, a quien debes obedecer.

Claro, claro, Lucy, no te preocupes. -?Maldita! ?Cómo te odio!-

??Al fin!! El patio está en frente de mi; tan pronto lo veo mis ojos se aguan, otra sonrisa, rebelde, hace su aparición en mi destruido y triste rostro. Ella lo nota, pero no me importa. Soy feliz.

-Ve a sentarte en aquella silla – Me dijo Lucy, mientras me se?alaba con una flecha que apareció en su pantalla, una silla blanca que se encuentra en el medio del prado verde a tan solo unos metros de mí. ?Y no mir

es para ningún lado! Concluyó.

Como digas Lucy, le contesté.

Debo caminar con los ojos hacia abajo, pues no solo Lucy me vigila. Hay peque?as cámaras en los lugares más insospechados vigilándonos. Incluso, algunas de esas cámaras son tan peque?as que se pueden introducir en nuestros oídos, y desde allí, monitorear nuestras ondas cerebrales. Doy un paso a la vez, muy despacio, sin despejar los ojos del pasto verde. Peque?as gotas de agua mojan la suela de mis zapatos blancos. El canto de los pájaros se convierte en un somnífero, me da sue?o repentinamente, tengo ganas de tumbarme en el suelo y dormir con mis piernas abiertas, y so?ar con otro mundo, otra realidad y tal vez otra corporación, o mejor aún, ninguna corporación.

-Rápido Ainoa – Me gritó Lucy desde el borde del patio.

Por alguna razón las computadoras no pueden salir hasta los patios. Tal vez le tengan miedo a los pájaros, o al sol. No lo sé, y tampoco me importa, ahora solo quiero descansar. Tan pronto me siento, una peque?a unidad de carbono me entrega un vaso de agua y un emparedado, le agradezco con una sonrisa. Es tan hermosa e inocente, me recuerda a mí. Yo también fui así de peque?a, yo también llevé agua a las unidades de carbono más grandes, aunque nunca se me permitió hacer contacto visual con ellas… (No sé si lo anterior fue un recuerdo, o simplemente lo invente, ?Qué más da!) La mano de la peque?a unidad y la mía se tocan, siento que una corriente recorre mi cuerpo, me siento viva. La peque?a unidad se va, creo que me sonrió, pues de reojo alcancé a mirar sus hermosos labios rosados abrirse más de lo normal.

Mientras mastico la comida, recuerdos de una vida pasada (o inventada) me atropellan. Dichas imágenes me golpean como si fueran olas que chocan con una escarpada playa rocosa. Me veo jugando en una planicie plana cerca de un rio caudaloso, cámaras me vigilan, ?O son supervisores…? ?Qué importa! Me veo, y me siento feliz. No recuerdo cuanto duró aquel periodo de tiempo, no recuerdo cuanto tiempo fui peque?a, tampoco recuerdo desde hace cuanto estoy en aquel aposento llenando bolsitas… ?20, 30, 1000 jornadas? Todo es difuso y confuso, mi mente no es mía, y mi cuerpo es propiedad privada. En aquellos recuerdos, otra peque?a unidad de carbono también es protagonista, ella siempre está a mi lado. Todo lo hacemos juntas, No sé si yo la protejo a ella, o ella me protege a mí. El caso es que, en aquel mundo onírico somos inseparables; dormimos juntas, nos ba?ábamos juntas, nos alimentamos juntas, y juntas corremos cerca de aquel rio. No recuerdo que fue de ella. ?Murió? ?Desapareció? ?Vivirá al lado de mi aposento? ?Existió? El hecho es que aquella unidad tiene el cabello claro, más claro que el mío. Sus ojos son azules, como los míos. Y lo más curioso de todo es, que ella tiene los mismos tres lunares que yo tengo en mi mejilla derecha y que forman un triángulo. A veces la escucho llorar, siento que pide disculpas o me recrimina por algo… me duele no poder entenderla o ayudarla, pues no sé si estoy so?ando o delirando… Debo darle otro mordisco al emparedado o empezaran a sospechar de mí, apuesto a que Lucy está intrigada con mi actitud. Así que daré un mordisco al emparedado y… ?Umm! ?Qué delicioso!

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